De sus manos surgen desde pequeñas mariposas y flores que se prenden en las solapas, hasta sombreros y abrigos llenos de estilo. Como muchas mujeres, buscaba una fórmula para lograr el equilibrio entre el desarrollo personal, una fuente de ingresos y lo más importante de todo: su familia. Así encontró en su camino el vellón, que hoy por hoy trabaja con esmero, buscando siempre un sello que la diferencie.
Se dice que Julio Cesar peleó para tenerlas y que su belleza era tal que los romanos las bautizaron como “Las Islas de los Dioses”. En la Edad Media, distintas órdenes religiosas, cautivadas por la quietud y la cercanía de sus paisajes, levantaron allí sus monasterios; pero el silencio terminó con la llegada de los piratas, quienes rápidamente se volvieron una amenaza, obligándolos a partir. Recuperada la paz de antaño, la clase alta española de los sesenta regresó a este paraíso marítimo para descansar y, después de cinco décadas de turismo, la pureza de sus playas sigue cautivando a miles de personas que buscan un espacio de calma, a menos de una hora de la ciudad.
