TELL MAGAZINE DICIEMBRE 2020

27 tell. cl En Los niños hubo todo un lobby para que se cambiara la ley laboral que establecía que a las personas con discapacidad se les podía pagar menos del salario mínimo, aunque trabajaran igual número de horas. Y se logró. Tal vez esta película no tenga un impacto di- recto a algo concreto como sí lo hubo en Los niños , pero mi objetivo es preguntarme cómo establecemos puentes entre las residencias y la sociedad. Cómo hacemos para que quienes viven en estas re- sidencias no sientan que (estar en ellas) sea una muerte simbólica. “Hay un personaje en la película que es una señora con Alzheimer que está todo el día pegada a la reja planeando estrategias de fuga para irse a la casa de su mamá. Ella es la manifestación de algo que siento que les pasa a todos los que están ahí: hay otra vida a la que yo no tengo acceso porque me encerraron acá. La concepción de una casa de reposo como aislamiento no puede ser. Eso es lo que tenemos que modificar y ver cómo establecemos un diálogo con las personas mayores, una vinculación social, cultural y familiar con el entorno”. Como documentalista te has hecho cargo de personas que han sido invisibilizadas por la sociedad. ¿Has pensado en hacer docu- mentales sobre los inmigrantes en Chile o sobre los mapuches? Son temas que me interesan y que pertenecen al tipo de grupos que retrato desde la no integración. Pero la selección de los perso- najes tiene que ver con acciones que sean palpables en situaciones concretas que pueda visibilizar la cámara, porque yo no hago entre- vistas, entonces tengo que poder verlo en lo cotidiano. Por lo tanto, mi dificultad en la selección de personajes tiene que ver con que esos procesos sean reconocibles. ¿Cuál es la invitación con tus películas? A mirar grupos o situaciones que usualmente están en el ámbito de lo privado, pero que te ayudan a entender ciertos universos que es- tán fuera de tumapa de relaciones, de lo que tú ves en tu cotidiano. Me interesa visibilizar desde mi experiencia temas que no se ven o que no se discuten. ¿Cómo eliges lo que quieres contar? Escucho, conozco, leo, me cuentan, investigo muchas historias que descarto después, porque no todas las historias que investigo son las que filmo. Parto siempre de un interés temático que me lleva a buscar personajes. Los niños partió a raíz de ese artículo que leí de la ley del trabajo aunque no era un tema ajeno en mi vida porque una tía tiene síndrome de Down. En el caso de El agente topo partió de las ganas de hacer un documental de la figura de detective pri- vado. Son procesos. ¿Qué temas te llaman la atención? Historias cotidianas que nos permitan mirarnos socialmente, his- torias que son particulares y únicas, pero que, al mismo tiempo, te puedan conectar desde la emocionalidad. Para mí el cine es una fábrica de experiencias, más allá de que lo sea para el espectador, que es lo clásico que dicen los directores de ficción. Yo vivo más vidas y vivo más experiencias porque conozco gente que de otra manera no conocería sin la excusa de hacer una película. Filmas durante mucho tiempo cada una de tus películas. ¿Qué te pasa cuando están listas? Cada vez que terminamos una película es como salir del colegio. No es que no vea a los personajes nunca más, pero ya no los vuelves a ver todos los días como la rutina que tenías. La película termina, pero la vida sigue. Los persona- jes siguen viviendo y uno sigue comprometida con ellos. Siento que me han ayudado a ser una perso- na más empática. Y sí, son parte de mi vida. ¿Cómo es la Maite puertas adentro? Soymuy de rutinas, me gustami cotidiano, mi vida, me cuestan los cambios, abrazo la repetición. La paciencia es mi don y soy fácil de conmover. ¿Qué me conmueve? Las luchas de grupos aislados, los gestos de cariño cotidiano. Eso me conmueve. ¿Siempre quisiste ser cineasta? Podría haber sido muchas cosas, pensé en estu- diar Sicología, aunque terminé eligiendo Estética antes de estudiar Dirección Audiovisual. Siempre me ha interesado conocer gente en el sentido de poder compartir experiencias. Mi oficio va más por el lado de la antropología antes que trabajar con actores y escribir una película de ficción. Eso no me interesa. ¿Y cuál es tu interés? Mostrar historias emotivas y con humor con las que puedas conectar y emocionar al otro y expo- ner cuáles son nuestras falencias sociales desde la experiencia de lo cotidiano y desde el micromun- do. Por ejemplo, en El agente topo , la película parte del prejuicio de que las residencias y los hogares son malos y con el paso del tiempo te vas dando cuenta de que el lugar es bueno y que a la gente la han aislado de la sociedad al irse a vivir a una residencia. Esa exclusión es la que está reflejada en la película. ¿Qué ha sido lo más desafiante en tu carrera? Ir conquistando otros territorios. Poder hacer un género particular que sea reconocido por el público, ese es mi objetivo, que algún día llegue un punto en que a la gente que esté viendo una película mía no le importe si es un documental o una película, sino que se enganche con la historia, que la viva, que la goce y que el material sea la realidad. Ese es mi desafío con cada una de las películas y, en El agente topo , siento que está bien logrado y que incluso llega a un extremo, porque cuando cuentas la historia, la gente pregunta ¿y es verdad?, ¡no te puedo creer!, ¿en serio pasó eso? T La vida está llena de cosas que te cuentan y que a veces uno no puede creer que en realidad pasaron. ¿Por qué voy a hacer ficción si está lleno de historias reales para filmar?”.

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