TELL MAGAZINE OCTUBRE 2020

Una viñeta mostró a Eddie Van Halen parado en el extremo del clavijero de su guitarra eléctricamientras Dios lo anima desde una nube: “ Jump !”. Tierno y triste, el mundo se triza cuando mueren los ídolos. A pesar de la obra, es una luz que se apaga en el mapa de los favoritos, una estrella menos. No son tus amigos exactamente, pero resultan cercanos porque muchas veces acompañan desde la infancia. Por automático recuerdas momentos y aventuras con las canciones como banda sonora. Para la generación criada en los ochenta Van Halen era sinónimo de fiesta, espectacularidad y extravagancia, sellados con esa sonrisa de niño pícaro de Eddie, paseando elástico y a toda velocidad por el mástil de la guitarra, urdiendo riffs y solos alucinantes, con el tono de una invitación a carretear al aire libre, cerveza en mano, coreando sobre sobre sexo y joda, temas recurrentes en el rock desde siempre. Los videos de Van Halen hoy son imposibles. Hot for the teacher sería motivo de censura inmediata con esa sala de clases a cargo de una voluptuosa profesora que se transforma en striper con los niños felices, o las tomas al bajo deMichael Anthony con la forma de una botella de Jack Daniel’s, que en sumomento fueron un quebradero de cabeza paraMTV por violar estrictas reglas de placement . Van Halen tiene cartón completo en conductas inapropiadas y reñidas con los actuales códigos, incluyendo la cosificación de la mujer y la alegoría al desenfreno. Eran otros días cuando los músicos de rock tenían licencia para comportarse como salvajes destruyendo hoteles, bebiendo como corsarios y seduciendo sin descanso. Los mejores años de Van Halen fueron en la conservadora era Reagan cuando se decidió que los discos debían llevar un adhesivo advirtiendo letras explícitas para prevenir a los padres. Bajo esa lógica, Van Halen maleducó a una generación completa eternamente agradecida. PRESTA oído 16 tell. cl Por Marcelo Contreras Lamagia está en los dedos

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