TELL MAGAZINE SEPTIEMBRE 2020
La teatina —comúnmente conocida como paja teatina—, ha sido usada principalmente en la cestería y sombrerería, pero también para la elaboración de carteras, joyas y pesebres. Este trabajo ancestral, que se remonta a doscientos años atrás en la región de O’higgins, hoy tiene un importante legado en el pueblo de La Lajuela, comuna de Santa Cruz, y que ha pasado a través de varias generaciones. Su principal trabajo se centra en la confección de las tradicionales chupallas, característicos sombreros de la zona central, usado por huasos y campesinos (con distintos colores y trenzados). La recolección de esta fina paja de trigo se realiza en sectores del secano costero y luego que es cortada se espera a que esté más madura y seca. Posteriormente, se limpia la espiga para ser seleccionada por grosores. Para su confección el trabajo es tremendo, pues demanda muchas horas y dedicación, ya que los sombreros son de una sola pieza y se les va dando forma con la mano. La calidad depende del tratamiento que se le dé a la paja (si esta es fina o muy gruesa), como también de la forma del trenzado. Un arte popular que ha sido reconocido tanto en Chile como en el extranjero. T SOMBREROS DE TEATINA
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