TELL MAGAZINE AGOSTO 2020
Ser fotógrafo fue un proceso paulatino. Empecé muy joven siendo montañista. El subir cerros me dio la posibilidad de generar un vínculo muy sólido con la naturaleza. Mientras estaba en la universidad, hacía charlas, diaporamas, escribía reportajes y arrendaba fotos. Reconozco sentir un profundo amor por nuestro territorio y esta sensación es la que me hizo incursionar en la fotografía, que al principio fue el medio para dar a conocer y poner en valor el patrimonio natural de Chile. Lo que en un inicio tuvo una mirada más documental, con cierto sentido ambientalista, con los años fue evolucionando hacia una mirada menos obvia, más abstracta, que es lo que me motiva hoy en día. Junto con ser una expresión artística en la cual yo comprometo todos mis sentidos, en la fotografía existe un sólido vínculo entre mi persona y el objeto que yo capto. Yo vibro con los paisajes, y es por esa razón que al fotografiarlos entrego toda mi energía. Chile es una gran fuente de inspiración. Creo que a través de una mirada artística puedo contribuir a poner en valor ese patrimonio. Mi gran sueño es que exista un sentimiento generalizado de amor y respeto por nuestra identidad y que el público valore lo que tenemos, porque quien no conoce, no valora; y quien no valora, no cuida. Con estas imágenes quisiera contribuir al conocimiento y valoración de nuestro patrimonio natural y cultural, que exista la convicción de que es urgente preservar este patrimonio para el goce de esta y las futuras generaciones. Que sea un tema que nos identifique como país. Que cuando se hable de fotografía chilena, latinoamericana, no solo esté la marginalidad o la política —temas importantes,
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