TELL MAGAZINE AGOSTO 2020
28 tell. cl las paredes de la propia galería. Por sacarlo a la calle, a las regiones y al mundo. “He hecho muchos proyectos con museos, con corpo- raciones de arte, con municipalidades, con espacios públicos. Soy una convencida de que el arte debe llegar a la mayor cantidad de personas posibles, por eso desarrollémuchos proyectos fuera de la galería y en regiones”. LA SALA Corría el año 1998 y Alejandra, junto a dos amigas —Carolina Weinstein y Alejandra Schaeffer—, y asesoradas por el entonces profesor de Estética de la Finis Terra, Cristián Abelli, abrían una ga- lería de arte en el corazón de Alonso de Córdova. “Buscamos un nombre genérico, que no fuera tan pretencioso, y que se prestara para todo: sala, taller, galería. Queríamos que fuera una sala de arte que potenciara a los artistas emergentes. Fue toda una apuesta y el momento justo para entrar en un nicho en donde no había mucha competencia, porque en ese tiempo no existían tantas galerías. La prensa nos apoyó mucho y eso nos catapultó”. Alejandra hace una pausa. “Me acuerdo que para la inaugura- ción hicimos una colectiva con Andrés Vío, Matías Vergara, Ma- tías Camus, Constanza Mayo, Francisco La Puente, Francisca Valenzuela, la Cata Abott. Lo entretenido de todo esto es que teníamos la misma edad que los artistas, crecimos con ellos, éramos como un equipo”. Tenías veinticuatro años… Era una guagua. Desde esa edad, nuncamás paré de trabajar. No te puedes imaginar todo lo que hemos hecho. Exposiciones, proyectos culturales, idas fuera de Chile, homenajes a artistas. Las hemos hecho todas. En ese tiempo, Alejandra se dedicó, en cuerpo y alma, a los proyectos culturales, trabajando con críticos de arte y curadores. Gracias a una notable e intensa gestión, la galería de arte La Sala con- siguió varios hitos, como la exposición de María Elena Naveillan en Nueva York y más tarde de la mítica Matilde Pérez en la misma ciudad, la insta- lación de un mural de Rodrigo Cabezas en la OEA, la exhibición de Bodies and Spirals de Mario Toral en Chicago, y un largo suma y sigue que incluye su presencia en diversas ferias de arte consagradas a nivel mundial. ¿Alguno que recuerdes con mayor cariño? Me acuerdo cuando trajimos a Guayasamín al Mu- seo de Bellas Artes el 2002. Fue increíble. Hicimos un montón de proyectos culturales que en su mi- nuto fueron inéditos: grafitis, homenajes, charlas en la galeríamisma, viajamos con artistas fuera de Chile, hicimos los monólogos en la Casa del Lago en Frutillar, trabajamos con cineastas en Matuca- na100. Abarcamos muchas manifestaciones del arte: teatro, cine, arte objeto, fotografía. VALORAR EL ARTE Su casa respira arte. Cómo no. En ella conviven cuadros de estilos tan disímiles como Roser Bru, Matilde Pérez y Guillermo Lorca. “Me encantaría tener muchos más de los que tengo actualmente”, admite, resignada. Un dibujo de Carmen Aldunate, más allá una escultura de María Elena Naveillan, un cuadro de Francisco de la Puente. “Todos los cuadros que tengo en mi casa tienen una historia detrás, hay un cariño, una vivencia”. La galería es parte de mi vida. No me imagino sin ella. Es como un pulmón de oxígeno”.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0