TELL MAGAZINE JULIO 2020
A ños atrás, dieciocho para ser exactos, Macarena se preguntó qué podía hacer que le llenara el alma. La respuesta llegó sola, como todo en la vida. El camino de la cerámica comenzó a correr en forma paralela a su trabajo de diseño. Durante todos esos años apren- dió la técnica, aprendió de estética y esmaltado. Y aprendió otras cosas más, como la paciencia y saber esperar. “No hay que apurar los tiempos de secado y yo sufro con eso, me cuesta esperar el resultado, la sorpresa de lo que sale del horno”. Un día conoció a Mariana Sarli, una ceramista uruguaya. El ca- risma, la energía y la generosidad infinita desplegada por ella, la hicieron quedarse y permanecer en su taller. “Encontré un lugar donde me sentí cómoda y acompañada en mi trabajo. Ella me enseñó a experimentar, a improvisar y a atrever- me. Yo soy muy estructurada y este oficio me lleva a lo otro, me libera, es como una terapia, una vía de escape. Hemos formado una amistad y el cariño es recíproco. La experiencia de los talle- res ha sido única. Encontrarse con un grupo de personas con el que compartes las penas, las alegrías, es un camino muy enri- quecedor”. “BUSCO DEJAR HUELLA” La primera casa que hizo se llamó Mis cincuenta metros cuadra- dos. “Vivía en un departamento que tenía ese metraje y para mí significó el comienzo de todo”. La casa, como elemento, siempre me llamó la atención. Encuentro que es una figura muy significativa, muy bonita y que dice mucho”.
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