TELL MAGAZINE FEBRERO 2021
22 tell. cl A sí como los hoyuelos que se le asoman cuando sonríe, otro de los distintivos de esta singular y preciosa mujer es el fundido rústico al que ha llegado después de años coqueteando con el poder del fuego. Porque Paola ha fundido metales toda su vida, como parte de la herencia familiar. “Es un trabajomaravilloso en el que te conectas con los cuatro elementos: el agua, la tierra, el aire y el fuego, y en el que ves cómo el metal se transforma. Es todo un mundo”. Sobrina nieta en segundo grado de la mítica Lily Garafulic, esta es- cultora de origen croata —y vasca, catalana e italiana—, tuvo una in- fancia ligada a la fundición en la que siempre vio trabajar a su padre. “Desde chica supe que eso era lo mío. Siempre estuve relacionada con mi papá y con todo lo que él hacía ahí. Entremedio estudié pu- blicidad, me casé, tuve hijos, pero mi pasión siempre estuvo ahí”. ¿Qué aprendiste de Lily Garafulic? La Lily me hizo mirar diferente, me hizo descubrir la belleza de la naturaleza, de las cosas simples. Y también me dijo que yo tenía un don. Siempre digo que ese fue un encuentro mágico. MUNDO DE METAL En un galpón del barrio Independencia, al lado del cerro Blanco don- de se fundó Santiago, Paola funde metal reciclado que más tarde dará vida a preciosas glorietas, barandas, portones y rejas. La fun- dición Yancovic, herencia familiar de la que ella se hizo cargo hace dieciocho años tras la muerte de su padre, debe ser la única que lo hace a la antigua usanza. “No me vas a creer, pero esta fundición tiene tantos años que a veces, cuando escarbo, me aparecen verdaderos tesoros, como una estrella judía maravillosa a la que le saqué el molde y que incluí en mi colección de arte para todos. Es una verdadera mina de oro. Mi papá era muy coleccionista y siempre traía algo de los persas”, cuenta. Tiene tres hijos, un negocio de marketplace en tiendas de retail con su socia Carmen Luz Montes y a Buda tatuado en el corazón, igual que el símbolo OM. Lleva siete años haciendo talismanes a mano, hechos de metal reciclado y piedras, con la misma técnica que le enseñó su papá. Al principio se llamaron “joyas esculturas” cuando las vendía en un exclusivo hotel del Soho, en Nueva York, pero eso cambió. “Quería hacer un arte popular, que fuera asequible para todos. Tratar de mantener la mente positiva es lo que me hizo llamarlos “talismanes de energía”. Sentí que se necesitaba energía, espe- ranza y piezas que te pudieras colgar y tocar en algún minuto, como una especie de conexión con algo. Tener un pedazo de al- quimia contigo. Ese es mi proyecto con el que actualmente estoy trabajando en dos grandes tiendas”. TALISMANES DE ENERGÍA “Siento que fui una celta, una vikinga en otra vida, porque me en- canta esto de los talismanes y las runas. No tengo mucha motrici- dad fina, uso la galletera y herramientas pesadas. Son una especie de joya pero más bruta, distinta, y llegaron por un tema energético. Tratar de mantener la mente positiva es lo que me hizo llamarlos ‘talismanes de energía’. Sentí que se necesitaba energía, esperanza y piezas que te pudieras colgar y tocar en algún minuto, como una especie de conexión con algo. Tener un pedazo de alquimia contigo”.
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