Santiago junio 2018

LOOK urbano E s muy entretenido ver estas bodas majestuosas, pero convengamos que esta fue a medida de los tiempos que vivimos: cercana, inclusiva, alegre, familiar. Hubo muchos símbolos que enviaron un mensaje de unión y fraternidad. No hace mucho tiempo, en una de mis columnas, recordaba a la Reina Isabel; la verdad es que hoy le rindo otro tributo, por lo extraordinaria de mantenerse incólume y fuerte, representando fielmente a su nación. Pero lo más admirable es que a sus noventa y tantos se une a la diversidad y a los cambios, su sola presencia hace guiños de aceptación. Hemos sido testigos de la unión de un miembro de la realeza con una afroamericana, divorciada, actriz y, más encima, con un “atado familiar cahuinero”, en donde la ropita sucia se lavaba fuera de la casa, pero las hadas madrinas del príncipe de esta historia torcieron con vientos favorables y lograron que el príncipe heredero, llamado Charles, salvara la situación, amorosamente, haciéndose cargo de la novia y de la madre de la novia. El resultado fue maravilloso, pues le dio el toque cálido, amable y cercano a un Charles que siempre estaba lejano. Me deleité con los invitados, me fijé, cual alumna aplicada, en las vestimentas y el colorido… el azul marino fue de los top top . Victoria Beckham, muy seria y sobria de azul, destacaba el escote sutil, pero hasta el ombligo. Me llamó la atención el alto de sus zapatos rojos, ¿cuánto resistirá? Kate Middleton regia, como siempre; ella tiene el don de tener hijos y quedar igual. Su traje amarillo tan agua claro, que parecía blanco, perdonen que lo repita, pero aquí en Chile la habrían pelado por “opacar a la novia”. Me encantó el collar de Camila Parker, precioso, de perlas con una diadema; ella usó el tono rosa palo que se repitió en otras invitadas como Oprah Winfrey y Serena Williams, cuyo escote irregular le impedía usar el collar que se puso. La tenista se olvidó que menos es más, como lo sabe al dedillo Amal Clooney, regia en un tono amarillo azafrán completa. Ella le escogió la corbata al guapo George, su esposo, en un tono entre rosa y amarillo que hacia juego con ella. La paleta de colores variados, en verdes, morados, rosas, estampados con sus sombreros en juego. La reina estaba en estos tonos de verdes y morados. Pero la reina del momento fue Meghan, preciosa en la simpleza del vestido que destacó la mirada y la sonrisa que ofrecía a su príncipe, cautivó de esta forma a todos los súbditos y al mundo entero, que vivimos por un momento la historia de un cuento de hadas. La boda del año: Harry y Meghan Por Shila Aldunate 18 tell. cl

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