TELL NORTE DICIEMBRE 2019
porque no todos los astrónomos se dedican a informar. Ahora, hay muchas personas que hacen divulgación. Nosotros, en el Núcleo de Astronomía, damos charlas y cursos abiertos. ¿Por qué decidiste volver a Chile? Estaba bien en Europa, y tenía cerca a mis antropólogos. Pero, en Cambridge, no veía muchas posibilidades como profesora fija. El Núcleo de Astronomía estaba empezando. Me tentó venir a armar este grupo cuya área de investigación es bien abierta. En Europa, era una más del montón. Acá hago una diferencia. Ade- más, mi marido también trabaja en la academia y acá, donde hay tantas universidades, podía hacerlo. ¿Cómo es el tema de las mujeres en tu profesión? Según el último censo de SOCHIAS (Sociedad Chilena de Astro- nomía), el número de astrónomas es ridículamente bajo (de 163 académicos, 35 son mujeres; el 21%.) Cuando entré a estudiar, éramos cinco mujeres y veinte hombres. Hoy es más equitativo. Al final, eso sí, quedan súper pocas, porque se embarazan o se casan, y colapsan. Tú terminaste y te fuiste al Max Planck, el sueño de cualquier científico. Pero lo pasaste mal... Sí, estaba haciendo un doctorado en el estudio de poblaciones es- telares del halo galáctico, la parte más antigua de la galaxia, y me embaracé de mi primer hijo. Yo era la primera mujer que se embara- zaba, en treinta años. No sabían cómo manejarlo. 26 tell. cl ¿Qué resistencias tuvo tu supervisor? Primero me dio todas las libertades, pero, a la vuelta de dar a luz, hubo otro trato. Era súper difí- cil hacer las dos cosas al mismo tiempo. A mí, que soy ordenada, me afectaba trabajar en el caos que era mi casa. Le pedí que me recomendara para una beca que me habría permitido pagar una ayuda externa, pero él me dijo que no me la iba a ganar, porque yo no era tan buena. Eso te parte el alma. Siento que pensó: a esta no le interesa la investigación. Yo me preguntaba: qué le pasa a esta persona. Tampoco soy tan causa perdida. ¿Y qué pasó después? Hace poco, en medio de denuncias de racismo a otra profesora, mi supervisor me contactó para que opinara sobre él. Yo esperaba que llegara ese día... Le dije que no era que no me interesa- ra la investigación, sino el tener que trabajar con él, escuchando sus comentarios. Y él me dijo: “Yo pensaba que lo único que querías era cuidar a tu hijo”. Es un sesgo muy dañino: creer que una mu- jer con hijo solo tiene amor e interés en él. Pasa en la astronomía y en todos los mundos. Yo jamás voy a encontrar a los padres del Sol, porque para que él nazca, ellos tienen que haber muerto. Uno como que encuentra a los tíos, que no murieron y todavía están rastreando la composición química de la nube progenitora”. T
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