TELL NORTE DICIEMBRE 2019

24 tell. cl Intento demostrar que los elementos químicos se comportan como un ADN estelar y que uno puede, por lo tanto, armar un árbol genealógico que se puede interpretar de una forma evolutiva, igual que si uno pusiera monos con ballenas con seres humanos”. ¿Qué es lo más importante que has descubierto? No mucho. A la gente le encanta lo de “descubrir”. Cuando volví a Chile, di una entrevista en Las Últimas Noticias que titularon como “Astrónoma descubre a la hermana del Sol”, o algo así. En ese sentido, yo no he descubierto nada. Hay demasiadas estre- llas en el cielo como para descubrirlas. Bueno, pero qué has encontrado... Poco, porque estamos muy al comienzo. Intento demostrar que los elementos químicos se comportan como un ADN estelar y que uno puede, por lo tanto, armar un árbol genealógico que se pue- de interpretar de una forma evolutiva, igual que si uno pusiera monos con ballenas con seres humanos. Todavía estoy en esa lucha por demostrar que sí se puede armar un árbol genealógico de las estrellas de nuestro sistema solar. Aún no he descubierto nada, pero sé lo que podríamos llegar a descubrir. ¿Y qué sería? Por ejemplo, galaxias que se han caído a nuestra galaxia. Hace poco se descubrió Enceladus, una galaxia que se sospechaba que existía, algo que se pudo comprobar con herramientas actuales. Nosotros, según nuestro modelo de cómo la galaxia evoluciona, sabemos que nuestra galaxia se ha ido comiendo muchas galaxias pequeñas, pero no sabemos cuántas; tampoco, cuándo, ni cuáles son las estrellas que se formaron y están dando vueltas acá. Sobre tu trabajo, en la revista Time subrayan la idea de que “las estrellas nacen, envejecen y mueren, como las personas”... visto eso en mi campo, y me pregunté por qué no se usaba”. Después, Jofré se acercó a Foley, al punto que terminaron trabajando juntos. “Cada vez me di más cuenta de que podía hacer uso de esos árboles evolutivos, y en eso estoy”. ¿Nadie se había percatado de ello? Ahora he visto que el tema se mencionó en dos publicaciones, pero no de la forma en que yo lo estoy abordando. Una, de 2002, es de Kenneth Freeman, un australiano que, de hecho, me nomi- nó como “científica promisoria”, y que se fascinó con lo que publiqué, porque, en un momento, él lo había visualizado, pero no pudo implementarlo. Luego, hay unos brasileños que hicieron un árbol en un paper , pero fue una clasificación química de las estrellas, no un estudio evolutivo en sí. Yo trato de usar el largo de las ramas para estudiar el tiempo evolutivo, entre un grupo y otro, y qué ha pasado; tratar de estudiar la historia y como está esto correlacionado. Las estrellas son esferas de polvo y gas que brillan con luz propia. Según explica Jofré, las ramas “in- forman sobre la historia compartida de las estre- llas”. La más antigua que ella ha analizado tiene unos diez mil millones de años —más del doble que el Sol— y, la más joven, setecientos millones.

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