TELL NORTE DICIEMBRE 2019
T Este verano me fui a recorrer el borde costero, desde Pichilemu hasta Constitución. En esas zonas, cuando estoy calmo, puedo crear con tranquilidad. Luego le doy volumen con el alambre, eso me permite llegar a mi taller a estructurar lo que hice”. El taller del que habla Javier es enorme y lo construyó hace al- gunos años a los pies de la cordillera, en Santiago. Ahí también levantó su propia academia donde hace clases. Se llama Dos Arte (www.dosarte.cl) . ¿Quiénes son tus referentes? Chillida, Giacometti, ellos me cautivan. Pero una de las cosas que más me gusta es el reconocimiento público a quienes te ayudaron en la vida. Y en ese sentido siempre voy a reconocer a mi maestro Palolo Valdés, que es un gran escultor y, además, somos grandes amigos. ¿Qué aprendiste de él? Fue tremendamente generoso conmigo. Cuando lo conocí, yo venía con una gran iconografía de figura humana en “estallido emocional”. Gracias a Palolo, aprendí a fundir con una técnica que se llama “a la tierra perdida”. ¿Cómo ves el arte local? Hoy en día el artista contemporáneo debe cultivarse y ser su propio gestor cultural. En San Francisco, por ejemplo, los artis- tas trabajan solos, arriendan espacios y muestran sus obras di- rectamente al público. El arte se hace más dinámico y se crea otro tipo de vínculo. ¿Te sientes tu propio gestor cultural? Absolutamente. ¿Proyectos? Con mi novia (la artista Renata Schlager) tenemos un proyecto junto a la gestora cultural Carmen Codoceo en El Molle, Valle del Elqui. Quiero crear mi propio taller allá, estar más en contacto con el gres, la madera, volver a tallar, volver a la esencia. Hoy en día el artista contemporáneo debe cultivarse y ser su propio gestor cultural”.
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