TELL NORTE OCTUBRE 2019
16 tell. cl ¿Lamuerte? no la espero… Por estos días, la Muerte ha visitado mi mundo alegre y pacífico, de lecturas y canciones y lo ha trastocado, sumiéndome en el dolor. Keka Morenilla, gran amiga de siempre, casi hermana, compañera del liceo, exalumna de don Andrés, artista, docente de Artes Plásticas. Dulce, tierna, cariñosa. Compartimos la adolescencia, estuvimos días, me- ses, años en la sala de clases. Y, de adultas, nos reuníamos mes a mes. Hace unos días, la Muerte nos privó de su presencia. Sebastián Andrade, joven, alegre, siempre con la sonrisa en los labios, con esos ojos risueños tan expresivos. Periodista destacado, profesio- nal dedicado. Un día, de repente, su vida se oscureció. Llegó la en- fermedad, el sufrimiento y… Seba se negaba, luchando, intentando, enfrentando el dolor con esa sonrisa de siempre, ilusionando a todos con que ganaría la batalla. Poco a poco, su luz se apagaba. Y llegó ella, la indeseada, la Muerte, secando nuestros ojos, lacerando nuestra mente, partiendo nuestro corazón. Humberto Donoso, antofagastino, liceano, gran deportista, muy buen amigo. Con la salud quebrantada, luchando cada segundo por lograr que el oxígeno llegara a sus deteriorados pulmones. Y, últimamente, cada día y cada noche, un saludo suyo, deseando paz, felicidad, des- canso, con un hermoso paisaje. Y, de repente, un mensaje distinto: la misa en la Iglesia y el funeral. El funeral. Había llegado ella. Andrés Sabella tuvo que entender con dolor que a Mamá no la vería más. “Hasta el fallecimiento de mi Madre ignoré qué era la Muerte. Mi pri- mera noción de ella entró en el rostro de mi padre, cuando, de alba, un domingo, con varonil tristeza, me dijo: ‘Mamita se fue’. Este ´se fue´, desgraciadamente, escondía una dura traducción: ‘murió´… Y, después, al ver que todos los niños tenían mamá, menos yo, entendí con dolor, lo que ella, la Muerte, me había arrebatado” (Andrés Sabella) La Muerte, con sus velos oscuros, nos envuelve en tristeza; troca nuestra sonrisa en un rictus de dolor; cambia nuestra alegría en un sentimiento extraño, mezcla de incredulidad, angustia, congoja. Y nos asaltan las terribles palabras, las más dolorosas: nunca más. Nunca más te veré. Nunca más conversare- mos. Nunca más te abrazaré. Nunca, nunca más…. Don Andrés decía: “¿La muerte? Sé que ven- drá, pero no la espero, porque soy un hombre que ama la vida”. sabella Por María Canihuante, curadora del Patrimonio de Andrés Sabella De repente aparece en nuestras vidas. No la esperamos, no nos interesa… pero llega. Nos desgarra, nos aniquila. La muerte, artera, traidora, ha llegado a romper la armonía de nuestras vidas. ¿Qué genio maléfico creó la Muerte?
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