TELL ``NORTE OCTUBRE 2018
20 tell. cl sabella Por María Canihuante Vergara 8 de octubre. Aniversario de Mejillones, puerto heroico, que celebra su fiesta en el Aniversario del Combate Naval de Punta Angamos. Y viene a nuestra mente esa canción, En Mejillones yo tuve un amor , que hemos escuchado en tantos lugares de Chile y hasta en “Señor Tango”, de Buenos Aires. Y aparece la figura del creador de este himno del puerto: Gamelín Guerra, amigo de Andrés Sabella, como no. Al respecto, Andrés dijo en una Linterna de Papel, escrita de su puño y letra, que fue publicada en El Mercurio de Antofagasta , a cinco días del fallecimiento del artista, ocurrido en Santiago el 22 de junio de 1988. “ Fuimos a casa de Arcadio Castillo. Golpeamos a su puerta y nos recibió un caballero sonriente que se apresuró a revelarnos: “-Lo esperaba. Ya voy para dos horas, cantando…”. Era Gamaliel Guerra Seura. Nos abrazamos. Pensé que, en ese minuto, abrazaba a Mejillones romántico y a mi amada Antofagasta de la adolescen- cia. Pronto, Arcadio insistió: -Falta todavía a quien no calculas para escuchar a Gamaliel… Llegará de un momento a otro. Y llegó… ¡el Arzobispo Carlos Oviedo Cavada! Sonriendo, como acostumbramonseñor, fue recibido por todos y Ga- maliel lo hizo, cantando, al momento, EnMejillones yo tuve un amor . La fiesta familiar se engrandeció. Recordamos que Gamaliel se traduce así: “Dios me ha hecho bien”. Y, en verdad, Dios fue con él pródigo y generoso. Gamaliel poseía simpatía natural, coraje para vivir y talento musical, que probó con canciones memorables, como Antofagasta dormida que, en cierta medida, le dio a nuestra ciudad una especie de triste distinción: una ciudad en sueños. Guitarra en mano y entre brindis y bocados, Gamaliel, que pasó a la historia musical chilena con el nombre de Gamelín Guerra, cantó siete veces En Mejillones yo tuve un amor ”. Tantos recuerdos. Y uno muy triste. Cada año, en la década del cincuenta y sesenta, el Liceo de Niñas de Antofagasta, hoy Liceo Marta Narea, para celebrar su aniversario, hacía un paseo en tren a Mejillones. Una fecha que esperábamos con ansias. Y el año 1962, estando en plena felicidad y disfrute, se produjo un repen- tino y fuerte viento. Se llevó un gran quitasol y, al caer, lo hizo en el rostro de la profesora Miss Chela Sommers, dañándola irreme- diablemente. Por tan infausto hecho, se suspendió definitivamente ese tren de alegría liceana. En la década del noventa, mi marido trabajaba en Laja. Un día, a la hora de sobremesa, entre sus compañeros de trabajo surgió el tema de las vacaciones soñadas. Y uno de ellos dijo: “Para mí, las mejores vacaciones son en las más bellas playas de Chile… en Mejillones”. Mi marido, antofagastino neto, casi no podía creer. Es que para los antofagastinos, este sólo nombre nos trae los mejores recuerdos de los veranos en Mejillones. Corriendo de la mano de mamá para al- canzar los mejores asientos de ese tren de la alegría, de un día de playa, sol, verano. Uno de mis hijos comenta a raíz de este evento, con un colega y ami- go: “Y pensar que mi abuelo, que era militar, cuando estuvo desta- cado por el ejército, a cargo del resguardo de Mejillones, en los días de la Segunda Guerra Mundial, por las noches, noches de bohemia, solía reunirse a cantar tangos con Gamelín Guerra”. “¡No puede ser! ¡Pero si Gamelín Guerra es mi abuelo!”. O sea, concluyeron, que en ese hermoso puerto deMejillones, nuestros abuelos ya cantaban En Mejillones yo tuve un amor ...”. Como dijo Andrés Sabella, “seguramente, en esas amadas playas de Mejillones, su “ linda rubiecita, ojos de verde mar ” encontrará a Gamelín Guerra... Seguramente.” "En Mejillones yo tuve un amor"
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