TELL NORTE AGOSTO 2019
¿Y ese permanente juego entre maldad e inocencia, belleza y vio- lencia? No son antagónicos, comparten la misma naturaleza; he observa- do que se da harto en el arte primitivo, en los rituales antiguos, en las culturas ancestrales. Parte de nuestra experiencia humana, de nuestros impulsos y sentimientos están simbolizadas en estos espí- ritus de la naturaleza, en esta suerte de demonios. ¿Lo que vemos en tus cuadros son tus propios demonios? Claro, pueden ser demonios o cosas buenas. Algunos elementos se repiten, son más constantes. Como los animales, que cruzan toda tu obra Yo creo que los artistas tienen ciertos tótems, seres que te represen- tan, que hablan de algún momento tuyo, de sensaciones, que tocan las fibras más profundas y antiguas, como las religiones animistas. ¿Te acomoda el formato grande? Me acomoda el formato de la composición, me gusta que sea pare- cido a la realidad. Pero fue más un accidente que otra cosa. ¿Qué te inspira? Necesito planificar un cuadro, pero hay un pulso que produce la ma- gia, que crea la necesidad de plasmar en una tela lo que yo quiero. ¿Y qué quieres? Pintar los sueños. No sé qué tanto aporte una visita guiada. Pintar es como hacer una canción, es más espontáneo, no es algo que uno pueda dirigir, entonces hay más anécdota, más historia en cómo se gestó la obra, que en la obra en sí”. UN PEDAZO DE VIDA Artífice de El encuentro , que por estos días se exhibe en el Centro Cultural El Tranque —y que en septiembre cruzará el Atlántico para aterrizar en Londres de la mano del subastador y colec- cionista suizo Simón de Pury—, tenía ocho años cuando comenzó a pintar con óleo. “Me volvió loco de niño, de adolescente me metí más en el deporte, pero a los dieciséis lo agarré con fuerza de nuevo”. Y no lo soltó más. La historia es co- nocida: dejó la universidad, se convirtió en discí- pulo del pintor noruego Odd Nerdrum y comenzó a exponer. Ciudad de México, Turín, Barcelona, Sicilia, Santiago. “De Nerdrum traté de sacar en limpio el espíritu, ese no sé qué que le da alma a los cuadros, su relación con la pintura. Más que un docente, un maestro, era una especie de figura sagrada y se armaban sectas espontáneas. Un clima curioso con el que conviví seis meses”. Sindicado como el artista más joven en exponer individualmente en el Bellas Artes —que adqui- rió su obra Vida eterna—, y en la estación de metro Baquedano, dice que la pintura figurativa
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