TELL NORTE JULIO 2019
26 tell. cl esto conlleva, es decir, desarrollar con distintas dinámicas de trabajo, la observación, la motri- cidad fina y gruesa, etc. El fundamento de esto es recuperar la salud a través de la naturaleza. Nosotros apostamos a incorporar competencias emocionales en distintos grupos, especialmente, en niños, mujeres y adultos mayores. La emoción es lo que nos mueve y desde ese punto de vista no podemos entender la empatía con el entorno, si no la cultivamos. La base, entonces, es la conciencia ambiental Nuestra apuesta es comprender qué te lleva a ti a recoger un papel en la playa o qué te pasa cuan- do ves un plástico en el mar. Nosotros analizamos qué es lo previo, porque existe un punto de vista humano y emocional que nos motiva, por ejemplo, a reciclar. En nuestros talleres y módulos lo que hacemos es vincular a las personas con la tierra y esto no se logra en un día. Debe existir un compro- miso serio y profundo, la persona debe considerar ¿En qué consistía este curso? La idea era formar personas para el futuro, porque no sabemos qué pasará con el agua, con la tierra y con las semillas. Hoy, todo está en riesgo, demanera que les enseñaba educación ambiental y agri- cultura orgánica. Fue el más exitoso de los electivos, pero cumplió su ciclo en la UCN. Después comencé a hacer talleres de horticultu- ra y capacité a veinte mujeres, con quienes, más tarde, formamos el grupo Mujeres Lunas. ¿Esta visión medioambientalista es una herencia familiar? Mi padre, Alfonso Pacheco, nació en Coquimbo y es un reconocido ingeniero calculista. A fines de los años sesenta creó una serie de proyectos en la zona, entre ellos, escuelas y postas rurales. Es un hombre muy sabio, para mí, un chamán, y mi madre, María Angéli- ca Pizarro, fue maestra de yoga en el Club Providencia por más de treinta años. Crecí en un entorno de respeto por el medio ambiente, soy vegetariana desde los diecisiete años y con mis padres, per- tenecíamos a un grupo espiritual, liderado por el músico Joaquín Bello. Esto marcó un antes y un después de nuestras vidas porque de ahí surgió una especie de diáspora de talentos en la astrología, en el medioambiente, en la música, en el arte. ¿Y qué te motivó a crear una fundación? Cuando conocí al cientista político, docente y coach ontológico, Carlos Rojas y le conté lo que hacía, me hizo ver que tenía un capi- tal importante en mis manos y una red de contactos muy valiosa. Hoy le digo a Carlos que es mi Pigmalión del último tiempo, porque fue él quien me instó a crear la Fundación Apachita. Unimos nues- tros conocimientos y creamos un modelo donde la fórmula es la educación ambiental y la educación emocional, es decir, yo aporto con el proceso de la enseñanza de la horticultura y de la terapia hortícola enfocado en el vínculo y en el afecto, y Carlos desarro- lla el coaching y toda la parte de educación emocional. Nuestro equipo está integrado, además, por la sicóloga, Daniela Leng y la periodista Camila Ledezma. ¿De qué manera la agricultura orgánica se convierte en una tera- pia sanadora? El objetivo de la terapia hortícola no es solo cultivar o producir, por ejemplo, una lechuga, sino todo el proceso terapéutico que Estoy muy agradecida del Choapa, de la gente que me cuidó y de la tierra que me sostuvo a mí y a mis hijos, durante siete años”.
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