TELL NORTE JULIO 2019
25 tell. cl María Isabel Pacheco directora de Fundación Apachita Vincular a las personas con la tierra, con las hierbas medicinales, con las plantas y hortalizas, crear una huerta, hacer almácigos o compost, a través de las emociones y de la educación ambiental es la propuesta sanadora de esta fundación y, a la vez, es la consolidación de la cruzada que María Isabel, una acérrima medioambientalista, inició hace más de treinta años. Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Francisco Díaz U. SEMBRAR DESDE U na vez a la semana y durante un año, esta diseñadora gráfica y madre de dos hijos, viajaba sa- gradamente desde Illapel a San- tiago para estudiar Agricultura Orgánica, en el Herbarium. Lue- go, hizo un diplomado en Terapia Hortícola, for- mación que le permitió desarrollar una primera y enriquecedora experiencia junto a un niño con síndrome Asperger. “Con Diego nos sentábamos a observar a los picaflores que libaban el néctar de las flores de la aloe vera. Los contábamos, hablábamos de los colores, de los movimientos y así, durante un año, en mi rol de facilitadora y gracias al poder de la naturaleza iba estimulando nuevas conexiones sinápticas en el cerebro de Diego”, recuerda María Isabel Pacheco, mientras va hilando una historia llena de sincronías que la llevaron a formar, hace más de un año, la Funda- ción Apachita. Trabajó diez años en el Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación de Adultos (CIDE), di- señando el material educativo para promocionar la educación participativa basada en las teorías de Paulo Freire. En 1997, emigró de Santiago para criar a sus hijos Michael y Alegra, en un ambien- te puro y con una alimentación más saludable. Su elección fue Illapel, lugar donde inició un pro- yecto colaborativo con la Fundación Chile para la producción de hierbas medicinales, aloe vera y aceites esenciales. “Después de un tiempo y con el apoyo de mi padre, fui comprando tierras y ad- quirí todo el material genético de esta fundación, de manera que formé mi propio proyecto”, agrega. EL AFECTO Tu estilo de vida natural fue marcando el destino Siempre he sido el roble de mis hijos y todo lo que estudié por gusto finalmente nos permitió sobrevivir. Además de cultivar las hierbas medi- cinales comencé a cultivar hortalizas orgánicas y las vendía en el mercado local. En ese tiempo, los productos orgánicos eran muy poco conocidos, imagínate que me compraban en cien pesos una lechuga milanesa orgánica. Sembré habas, aloe vera, papas, semilla de girasol, porotos de soya, choclos, cebollas y mi principal producción era el cedrón. Partí cultivando tres hectáreas y terminé con cuarenta… Debió ser una etapa difícil, de arduo trabajo y per- severancia Si bien tengo un origen de clase media acomoda- da y educada, tuve una experiencia muy fuerte de vida que jamás la imaginé, sin embargo, esto signi- ficó mi formación y mi madurez. Por eso estoy muy agradecida del Choapa, de la gente que me cuidó y de la tierra que me sostuvo a mí y a mis hijos, durante siete años. APRESTO EMOCIONAL Una educación de excelencia para sus hijos mo- tivó a María Isabel a trasladarse a La Serena, en el 2012. Una dura decisión que le significó vender gran parte de su parcela y terminar con el negocio. Al poco tiempo de establecerse en esta ciudad, presentó un proyecto para dictar un electivo de Agricultura Orgánica en la Universidad Católica del Norte, donde finalmente, logró capacitar a más de cien alumnos de diferentes carreras.
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