Norte julio 2018

22 tell .cl CENTENARIO ABS Andrés Sabella siempre nos da sorpresas. ¡En cada lugar de nuestra ciudad ha dejado su huella! Día a día estudiamos su obra, investigamos en sus escritos, revisamos los innumerables originales mecanografiados y allí, siempre encontramos sorpresas. sabella Por María Canihuante Vergara D ónde sea que busquemos aparecen fechas, nombres, sucesos, datos que nos ayudan a comprender tantos hechos ocurridos en nuestra ciu- dad. El poeta ha sido una especie de testigo presencial, que se preocupó de tomar nota de cuánto ocurría… Y no de cualquier manera: en prosa poética, en versos, en décimas, en sonetos. ¡Andrés Sabella es hombre de todos los tiem- pos! ¡Es el antofagastino por antonomasia! Toda esta explicación valga para este tema diferente que vamos a relatar. El título debe sorprender a más de algún lector, porque habitualmente los temas de esta columna se refieren a Andrés Sabella. Y el poeta siempre se ha definido como sanluisino. Pero, el Colegio San Luis no tenía Kínder. Hoy, en que The Antofagasta British School está celebrando el Centenario de su nacimiento como un importante y prestigioso establecimiento educacional, no podía estar ausente el “Duende Mágico”. En uno de sus viajes, María Eugenia Sabella Beltrán, hija del poeta y su heredera, nos trajo un regalo patrimonial: eran varios certificados de estudios de don An- drés. Y ¡sorpresa! Venía un certificado de Kinder nivel Transición, que prueba que el poeta estudió ese año en el “Colegio Inglés”, ¡“The Antofagasta British School”! ¡Y fechado en 1919! ¿Qué habrá dicho Andrés de su primer día de clases? Cuando papá Andrés lo fue buscar, seguramente le comentó que sus compañeros hablaban muy extraño y que él no les entendía nada. Y papá, con mucha paciencia, debió explicarle que hablaban otro idioma, el idioma de su país, que hablaban inglés. Que ellos venían de otros lugares, que llegaron en barco. Y Andrés, inquieto, habrá hecho un sinfín de preguntas, mientras la ancha mano de su padre lo guiaba por las veredas de nuestra ciudad, la tranquila ciudad que abría sus ojos soñadores hacia el futuro. Y a tía Martina, el Niño Andrés debe haberle contado que sus amiguitos tenían los ojos muy lindos, de color azul. Y debe haber corrido al espejo a mirar sus ojos. E indudablemente, debe haber preguntado “¿Y por qué yo ten- go ojos café?”. “Tienes el bello color de nuestra tierra nortina”, debe haber respondido tía Martina. Y también el Niño Andrés debe haber contado que sus nombres eran raros: Jimmy, Susan, Tommy, Rachel, Peter… Y que a él no le decían Andrés, sino Andrew. Así, entre ese grupo de niños que hablaban diferente, que tenían ojos claros y que su cabello era tan rubio que a Andrés le parecían canas, transcurrieron los primeros meses de clases del juguetón y divertido Niño Andrés. ¡Podemos atestiguar que el poeta Andrés Sabella aprendió las primeras letras en el Antofagasta British School!

RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0