TELL NORTE FEBRERO 2019
10 tell. cl AGENDA arte U n fenómeno curioso comenzó a manifestarse hace ya un par de años. Cuando en nuestro país comienza a sentirse en el aire un aroma a vacaciones, aparece por todos lados la palabra “chango” como sinónimo de libertad, ganas de mar y orgullo de ser nortino. Es como si sentir la arena en los pies y disfrutar de las olas nos conectara de cierta forma con aquellos primeros habitantes de esta hermosa costa. Lo interesante es que si antes muchos escondían sus antepasados indígenas, hoy, de alguna rebuscada forma, todos queremos ser changos. ¿Pero quiénes fueron estos personajes casi misteriosos que poblaron el norte? La primera vez que se utilizó el término chango fue en 1659. Dicen los historiadores Bittman e Hidalgo que cronistas y viajeros del siglo XVII le dieron este nombre a las sociedades pescadoras del extremo norte de Chile, agrupándolas en un sentido étnico, geoespacial y productivo. Sin embargo, con el paso de los años y las múltiples evidencias históricas, se confirma que los changos responden amás de una etnia, las que conviven dentro de un complejo sistema multiétnico y político, en particular después del dominio y presencia inca, según confirman estudios de Latchman, Berenguer, Sinclaire, Cornejo, Escobar y Llagostera. Podemos concluir, entonces, que al hablar de changos, más que de una raza, hablamos de un estilo de vida que converge en estar cerca del mar, migrando de acuerdo a la pesca y compartiendo ciertos rituales, con una base común biológica y genética. El origen se fue construyendo sobre los pilares de la tradición chinchorro, de los uros y los camanchacas, de acuerdo a extensas investigaciones publicadas desde la década del setenta. Independiente entonces de cómo, cuándo y dónde se acuñó esta palabra, lo cierto es que comulga fielmente con nuestra realidad actual: ciudadanos de orígenes diversos, que compartimos territorio por razones productivas y que compartimos códigos comunes. Nuestro elemento es el mar y de allí viene nuestra energía. Todos somos changos. A mucha honra. Por Luis Núñez San Martín changa Vida
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