TELL NORTE ENERO 2019
20 tell. cl No hagan olas Por Maximiliano Mills | maxmills.com CINE paralelo D on’t Make Wave s es una película de la Metro-Goldwyn-Ma- yer, basada en la novela Muscle Beach, de 1959, escrita por Ira Wallach, quien también fue coproductor y prota- gonizada por Tony Curtis (Carlo Cofield), Claudia Cardinale (Laura Califatti) y Sharon Tate (Mali- bu), además de Dave Draper (Harry, el novio fisicoculturista de la surfista Malibu), quien venía de haber ganado los títu- los de “Mr. América” en 1965 y “Mr. Universo” en 1966. La canción homónima central es compuesta e interpretada por la icónica banda de Los Ánge- les, The Byrds. La historia se construye alre- dedor de lo más atractivo de la subcultura surfista en la California de los sesenta: trián- gulos amorosos, gurús metafí- sicos, fisicoculturismo, música a go-go , surf y la distendida vida que se lleva en la playa. Carlo Cofield es un turista de visita en California, cuyo auto es estropeado por un choque. La culpable es la artista italia- na Laura Califatti, quien como compensación le ofrece dormir esa noche en su casa. Esto molesta a Rod Prescott, el amante de Laura —casado—, quien lo expulsa de la casa. Carlo intenta dormir en la playa donde sufre un accidente por inmersión, siendo resca- tado con la técnica de respiración boca a boca por la surfista “Mali- bu”. Como se enamora a primera vista, tratará de urdir un plan para que su novio la abandone, considerando sobornar a un psíquico falso, “Madame Lavinia”, para disuadir a Harry de que ya no vea más a su novia Malibu. De aquí en adelante todo se enre- da con jocosas e inesperadas situaciones. Cuando fue estrenada el 20 de junio de 1967, la popu- laridad de las películas tipo “Beach Party” que retrataban la cultura playera de Califor- nia (y que eran filmadas casi en serie) había comenzado a disminuir, después del pi- náculo alcanzado por Beach Blanket Bingo , en 1965, pro- tagonizada con Frankie Avalon y Annette Funicello, por lo que Don’t Make Waves no tuvo el impacto esperado en la asis- tencia de público a los cines. Aunque proyectada en el tiem- po, alcanzó la categoría de pe- lícula de culto, con seguidores fanáticos y devotos. Pero si dejamos las distintas capas de esta sátira social, veremos que nos recuerda, en cada escena, lo más importante y olvidado en el cine del siglo XXI: ¡qué fantástico es reírse con una comedia de película! El verano de 1983 comencé a asistir al gimnasio Spa, en Viña del Mar, cuando se encontraba en su ubicación original de calleMontaña. A pesar de que habían transcurrido quince años desde su estreno en 1967, la comedia de equivocaciones No hagan olas , continuaba siendo una gran fuente de inspiración para el cercano grupo de jóvenes que ahí entrenábamos con una dedicación casi religiosa. Aunque ninguno tenía como finalidad llegar al fisicoculturismo competitivo, asistir al Spa nos motivaba solo para mejorar nuestro estado físico y lo que ahora se conoce como calidad de vida.
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