Conce Diciembre 2017

Por el camino de la costa del extremo norte de Chile, apuntando hacia el sur, se conforma un recodo para la contemplación y el descanso. Un par de volúmenes de dos pisos, se articulan oteando el mar, unidos por un corredor mirador de borde y un pasillo donde se filtran las visiones hacia la costanera de la ciudad. A los cuerpos, grácilmente apoyados sobre la arena, se llega por un puente-rampa que nos recibe para abordar a la nave anclada (¿cuántos viajes nos esperan con la mirada?). Ya en el interior entendemos que la unidad del paredón perimetral exterior se divide en el módulo de recepción, comedor y esparcimiento compartido (en terrazas abiertas o estar elevado) y el segundo contenedor de las habitaciones, todas enfrentando el mar con amplios ventanales. El volumen de la zona común penetra hacia el mar en escorzo, midiéndose con el remate de la bahía por los acantilados del lado sur de la ciudad. Está pensado como un muelle mirador que oculta bajo de si embarcaciones menores; mientras que el tren de habitaciones se distancia del roquerío para conformar la semi explanada de la playa y sus roqueríos. Acá en un origen existió una playa menor solitaria; hoy sin modificarla se la rodea, respeta, y mantiene su libertad. Este no es el tradicional hotel, sino que aplica como el retorno al concepto de “posada”, donde estamos de paso, y todo lo construido dialoga con esa liviandad y delicadeza de aquello que está a punto de partir. Acá venimos a depositar y acopiar nuestras inquietudes, en un rincón de nuestras vidas en tensión, y en una semi-precariedad que nos conecta al habitar nómade del altiplano. Le damos la espalda al mundo, y nos proyectamos en un mar de turbulencia próxima, pero privado y aparentemente exclusivo. Cada caminar, corto y pausado, es un proyectarse al paisaje y filtrar el “mundo trasero”, parcial negación de donde obtenemos sólo un pedazo. De límites difusos, este proyecto hace que la naturaleza sea parte de si (y a la inversa) otorgando la sensación de un continuo. La estructura a la vista va en la misma lógica, aparentemente inconclusa, pero apuntando a la sinceridad del material y en contacto con los sentidos. Estamos además ante un edificio sustentable que aplica el uso de materiales reciclables y sistemas pasivos de ventilación y control de la temperatura, especialmente por el diseño de circulaciones de aire en los entretechos, pasillos, y habitaciones. En la misma línea propone elementos constructivos con poca masa térmica, que evitan la acumulación de calor, mientras que para calentar agua se cuenta con paneles solares. Este conjunto mantiene intacta la sensación de estar en la playa, en contacto con la naturaleza, en una continuidad. Es un espacio que acoge lo mejor del exterior del borde marítimo, y proponiendo el cobijo propio de un hotel, todo en complementariedad. Lo anterior lo logra con una materialidad que acoge eso difuso, o simplemente queda abierto para dejar que aromas y vientos circulen en nuestra presencia. Concluyamos que en este proyecto se funde y reinterpreta la cultura del norte mirando al mar, en un acto propio de descanso y reflexión. Nota: He privilegiado (por primera vez) el nombre del hotel para el artículo, porque me parece que en él se conjugan perfectamente el sentido del lugar y su posesión, todo amarrado a un ser cultural propio del norte. FICHA TÉCNICA: Arquitectos: Antonio Polidura & Marco Polidura (Polidura Arquitectos - www.polidura.com ) / Colaboradores: Sebastián Álvarez, Marcel Holmberg / Construcción - mandantes: Marco Polidura y Santiago Truffa / Cálculo estructural: Efraín Henry B. / Decoración: Paula Fernández / Año de proyecto: 2014 / Inauguración: diciembre de 2015 / Superficie terreno: 1130m2 (concesiónmarítima) / Superficie construida: 800m2 / Ubicación: Av. SanMartín s/n, sector La Lisera, Arica, Chile / Materialidad principal: madera / Programa de recintos: 18 habitaciones, sala múltiple, estar y comedor, terraza comedor y servicios ( www.hotelapacheta.com) .

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